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Al ver a la Madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”.

Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Evangelio según san Juan 19, 26-27

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Entronizar a María en su casa

Con la entronización de María como Reina de su casa, se invita a los bautizados a responder la llamada que Cristo les dirige, en el momento de su bienaventurada pasión, para que reciban a María en su casa.

“No temas recibir a María, tu esposa” (cf Mt 1, 20). Como san José en Nazaret y san Juan al pie de la Cruz, reciben a la Madre de Dios en su casa y en su vida de cada día, para santificar con su ayuda todas las dimensiones del día a día con la dirección del Espíritu Santo.

La entronización de María, Reina inmaculada en los hogares es un apostolado específico de la Fraternidad, un tesoro que ella, como misión, debe hacer conocer dentro de la Iglesia.

 

 

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La entronización en la práctica

¿A quién se dirige la entronización?
A todos los bautizados que quieren dedicar su vida y su casa a María.
 
¿Cómo se lleva a cabo la entronización?
El gesto de la entronización tiene lugar en la sencillez de una ceremonia familiar, la preside un miembro de la Fraternidad o un Mensajero enviado para esto. Después de la bendición del lugar y un tiempo de escucha de la Palabra de Dios, una representación de María -imagen, ícono o estatua- se honra en la casa o el lugar de trabajo. Con la oración de la entronización, recitada delante de esta imagen, se concluye la celebración.
 
¿Cómo preparar la entronización en el lugar de vida habitual?
Póngase en contacto por teléfono o correo electrónico con la Fraternidad de Bois le Roi o la Fraternidad más próxima de su domicilio: se le propondrá un programa de preparación.
 

Méditación: En María, abrir nuestra vida a la gracia


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Entronizando en casa a la Virgen María, acogemos el don de su Madre que Dios nos ha dado -Aquí tienes a tu madre (Jn. 19, 27) - y respondemos de esa manera a una intención profunda del Corazón de Cristo.

"Elevada cuerpo y alma a la gloria del Cielo, y exaltada por el Señor como Reina del Universo" (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 59), María debe ser acogida, amada y honrada por sus hijos en la tierra.

En la entronización, la Iglesia contempla y admira en María el gran designio de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en ella, para toda la creación: manifestamos el lugar y la gloria que Dios mismo ha dado a María. En María, la oración de Jesús a su Padre está concedida plenamente : "Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo." (Jn 17, 24)

Al elegir entronizar a María como Reina de nuestro hogar, queremos dejarle tomar posesión de nuestras vidas, para que nos enseñe a recibir la gracia de Dios y haga de nosotros verdaderos hijos e hijas de la Iglesia.

Deseamos aprender de Ella a amarnos en la tierra como se ama en el Cielo: nuestras vidas serán de ese modo testimonios vivos del Dios de caridad.

Oh María, Madre de Jesús y Madre de los hombres, Reina inmaculada del Universo,
¡triunfad y reinad!